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HOTELES Y OTROS TERMINOS (segunda parte)

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Mi colaboración anterior, en vísperas de la temporada vacacional de “semana santa”, se dio a la tarea de relatar las historias, etimología y leyendas en torno al origen de algunas palabras aplicadas en la industria sin chimeneas.

De esta forma hablamos del origen de las palabras: hotel; khans; postas; posadas; inns; hostal; hostería; hospitalidad, y; motel. Hoy nos abocaremos a descubrir otros términos usados en el sector hotelero, siempre bajo la advertencia de que esta sección no pretende convertirse en un manual etimológico, ni cuenta con un rigor científico total, sino simplemente intenta ofrecer diversas historias, leyendas, antecedentes o versiones respecto del origen y desarrollo de algunas palabras usuales en nuestro entorno.

CAMARERO
En nuestro país, como en muchos de Latinoamérica, identificamos al “camarero (a)” como la persona responsable de limpiar, arreglar y ordenar las habitaciones de los hoteles, incluyendo la reposición de ciertos insumos necesarios para una buena estancia (amenidades, toallas, sábanas, etc.). En muchos otros lugares del mundo, “camarero” es un sinónimo de mozo, mayordomo, mesero, mesonero, garzón (muchacho) y hasta “criado distinguido” (de casas grandes), refiriéndose de manera genérica a la persona que sirve o atiende por igual en hoteles, bares, cafeterías u otros establecimientos análogos.

La palabra camarero procede del latín camararĭus, camerarĭus, que conjuntan la acepción de cámara como habitación principal y el término de “empleado de”, esto es, la persona que atiende esa cámara (habitación, cuarto, casa real, fonda, etc.).

El término a decir de muchos estudiosos procede del Reino de Castilla (que inicia en el año 1071), en donde el Rey en turno nombraba a un Camarero Mayor, como un criado de mucha distinción encargado de cuidar y tener siempre en orden los aposentos del Rey. La ley 12, título 9, Partida 2, de aquel Reino de Castilla dice del camarero del rey que: “ha este nome por quel debe guardar la Cámara do el rey albergare, é su lecho, é los paños de su cuerpo, é las arcas, é los escritos del rey” (albergue, lecho y paños de su cuerpo). La diferencia con el “Mayordomo Mayor”, era que este último se encargaba de toda la casa o castillo en general y el camarero tan sólo de la recámara real.

Según Jaime Alvar Ezquerra, en su Diccionario de Historia de España (Ediciones AKAL, 2001), las raíces del Camarero se encuentran en la realeza germánica, en concreto en el “comes cubicularium” del reino visigodo: “En la Corona de Castilla, el camarero a veces llamado sumiller, cuidaba de la cámara regia, así como del aposento y del vestuario del monarca. En la Corona de Aragón el camarero, denominado cambrer major, era uno de los cuatro grandes oficiales de la corte. Las Ordinacions de Pedro IV (1344) lo denominan camarlench…”.

Por su parte, existen quienes asumen que en la definición de “camarero” también se incluye a los oficiales encargados de la cámara del Papa (iglesia católica), que se dividían funciones según su rango, por ejemplo: Camareros de Honor de Hábito Violeta (“Cubicularii honoris”), a cuyo cargo estaba el servicio honorario de antecámara de la Sala del Trono; Camareros de Honor de Capa y Espada de Su Santidad (“Cubicularii honoris ab ense et lacerna”), que prestaban servicio en la Sala del Trono; etc.; y así hasta el “Camarlengo”, cuya función más importante es la relacionada con la determinación formal de la muerte del Papa, convirtiéndose en la cabeza de la Iglesia católica durante el periodo de sede vacante.

Carmalengo deriva del latín tardío “camarlingus”, y del francés “kamerling”, que provienen del latín “camerarius”, que significa “oficial de la cámara” (en general, refiriéndose a la “cámara del tesoro”), por su parte, el Diccionario de la Real Academia Española aporta otra etimología, en donde la palabra camarlengo procede del idioma germánico franconio kamarling (camarero) y tiene la misma etimología que la palabra alemana Kammer (cámara).

AMA DE LLAVES
Esta muy importante posición que hoy es imprescindible en cualquier hotel importante, se dice que se remonta a la “Epoca Victoriana”, que inicia en el largo reinado de la Reina Victoria I del Reino Unido (1837-1901), marcada por cambios culturales, políticos, económicos, industriales y científicos que tuvieron lugar durante ese periodo, casi siempre exacerbados de disciplina, rígidos prejuicios (valores puritanos), severas interdicciones (prohibiciones y privaciones), acentuada diferencia entre clases y géneros, así como una irreverente doble moral.

Previo a la Revolución Industrial, Gran Bretaña contaba con tres clases sociales muy diferenciadas entre sí: la Iglesia y la Aristocracia, representando la clase alta; los comerciantes, profesionales y empleados de cierto nivel, en representación de la clase media, y; los pobres. Estos últimos, cuando bien les iba, habrían de asistir a los primeros como sirvientes, choferes, mensajeros, etc., o bien, estarían dedicados al campo o a la prostitución.

El mayor de los rangos al que una mujer podía aspirar dentro de un servicio doméstico de la clase alta, sin duda era el de “Ama de Llaves”. Dirigía a los criados y gobernaba la vida doméstica de la familia. Era una profesional importante, ya que podía llegar a dirigir hasta 200 sirvientes. Ella, al igual que el mayordomo, disfrutaba de ciertos privilegios, como un dormitorio y una sala de estar propios.

Para lograr tan ansiada posición, se tenía que empezar desde abajo, como tercera “doncella”, que era el puesto más bajo del escalafón (encargadas de la limpieza y tareas pesadas). A medida que avanzaban a segunda o primera doncella, las tareas eran menos pesadas pero su educación en modales y principios morales era más rígida. La fidelidad con sus amos tenía que ser uno de sus máximos atributos.
El Ama de Llaves, casi siempre a las órdenes de la Señora de la casa, entre muchas de sus funciones, destaca la de contratación, organización y supervisión del personal, era la custodia de las llaves de los armarios, alacenas y almacenes, de donde ella misma proveería a los empleados de menor rango de por ejemplo, almohadas, sábanas, toallas y otros enseres necesarios para mantener en perfecto orden las habitaciones, comedores, cocinas y otros lugares de la casa.

De ahí, es decir de esa tarea de guardiana de las llaves y vigilante feroz de las pertenencias de sus patrones, independientemente de sus otras labores, proviene su nombre como “Ama de Llaves”.

CONCIERGE
Existen dos vertientes que pretenden definir el término de “Concierge”, que en términos generales es el profesional de la hotelería encargado de solucionar cualquier inconveniente y brindar las mejores sugerencias o recomendaciones a sus huéspedes, para hacer de su estadía lo más confortable y placentera posible, tanto respecto de los servicios del propio hotel, como de los sitios históricos, culturales, recreativos, de esparcimiento o entretenimiento (incluyendo restaurantes) aledaños al mismo.

Según se dice en la página web de la Asociación de Concierges México, A.C. (Les Clefs d’Or México), la Historia de Concierge es la siguiente:

“La raíz etimológica de la palabra Concierge proviene del latín “conservus” o esclavo. Otra vieja derivación que nos regresa a las épocas feudales es “de comte des cierges” o el guardia de los candiles, que era la persona encargada de complacer cada deseo o petición de las visitas reales a los palacios. Durante la edad media, la profesión se extendió por Europa y en ese momento comenzaron a ser los guardianes de las llaves en notables castillos y edificios de gobierno. Hay incluso una famosa prisión en Paris llamada La Conciergerie, en honor al guardián que custodiaba las llaves y asignaba las celdas.

El termino “le portier” apareció por primera vez en Francia en el año 1195 y fue introducido por el Rey Luis XI, quien lo uso para referirse a los oficiales del palacio real y su trabajo consistía en proteger al Rey en su castillo. Después de la muerte de Luis XI, esa jurisdicción fue delegada en parte a otros oficiales de la corte. Es aquí donde aparecen los Concierges.

Con la caída de la monarquía, entre el siglo XVI y XVII, la profesión del portero tomaba un nuevo rumbo y nombre. La aparición de diversos hostales durante ese periodo dio paso a los hoteles de negocios que comúnmente conocemos hoy. Al paso que esta industria del turismo se ha desarrollado, el portero cambia su nombre a Concierge pero continua con sus ancestrales tradiciones y se considera como un ingrediente indispensable de servicio que caracteriza a los hoteles de clase mundial.

En el siglo XVIII, el incremento de viajes por tren y barcos de vapor forzó al crecimiento de los hoteles de negocios y placer, es cuando nace el Concierge hotelero. A través del tiempo, la evolución del portero a Concierge ha marcado una rica tradición en el cual la combinación del “savoir-faire” o saber hacer y tacto, juegan un rol fundamental en un Concierge profesional”.

En contraposición el Profesor de Castellano y Literatura Alexis Márquez Rodríguez, Individuo de Número y Vicepresidente de la Academia Venezolana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española, quien ha publicado más de 25 libros sobre teoría y crítica literaria, así como numerosos ensayos en varias revistas especializadas de diversos países americanos y europeos, ejerciendo además el periodismo por más de 60 años, en una nota publicada el 15 de mayo del 2011, en el periódico Ultimas Noticias de Venezuela, denominada “LA PALABRA: CONSERJE”, ha dicho:

“Un lector me consulta sobre el origen de la palabra «conserje»… se afirma que dicha palabra  «…tiene en su raíz etimológica la connotación de esclavo o  sirviente…», y por ello se considera ofensiva o denigrante, por lo cual debe dejar de usarse.

Nada más falso. Según el DRAE «conserje» es la «Persona que tiene a su cuidado la custodia, limpieza y llaves de un edificio o establecimiento público». En cuanto a su origen, el mismo DRAE advierte que proviene del francés concierge. Este, a su vez, en lengua francesa se define como «portero», y es sinónimo de portier y gardien (Dictionnaire moderne français-espagnol. Larousse).

Por su parte, Joan Corominas, el etimólogo más autorizado de nuestra lengua, en su famoso Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana sostiene que la palabra francesa concierge es de origen desconocido. Agrega que su aparición en Castellano fue inicialmente dentro de la terminología real, junto con otros vocablos como «ujier» (‘Portero de estrados de un palacio o tribunal’), «sumiller» (‘En los grandes hoteles, restaurantes, etc., persona encargada del servicio de licores’), «costiller» (‘Oficial palatino que acompañaba al rey cuando iba a su capilla, visitaba alguna iglesia o salía de viaje’), «acroy» (‘Gentilhombre de la casa de Borgoña, que acompañaba al soberano en ciertos actos públicos y le seguía a la guerra’), etc. Dice también Corominas que en Francés antiguo «se halla una variante dialectal concerge (…) de la cual saldría la forma española».

Respecto de la etimología, Corominas refuta varias hipótesis. Entre ellas se refiere especialmente a una, que rechaza enfáticamente, según la cual concierge derivaría de conservius, esta a su vez proveniente de conservus, ‘compañero de esclavitud, derivación por lo demás injustificada…’.

Es claro, pues, que la palabra «conserje» no tiene que ver con «esclavitud». Otra cosa es que en la vida real se dé a los conserjes un trato denigrante, suposición en todo caso subjetiva y no necesariamente cierta. Pero de ser así, no sería una mera cuestión de lenguaje, y no se resolvería con la simpleza de eliminar el uso de esa palabra”.

En lo personal, por mucho, me quedo con la segunda hipótesis. Hasta la próxima.

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