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TLCAN-TRUMP
LA ENCRUCIJADA Y ¿EL PLAN “B”?
Hace 25 años fue firmado el Tratado de Libre Comercio, por México, Estados Unidos y Canadá, mismo que entró en vigor a partir del primero de enero de año 1994. Son muchas y muy variadas las ventajas y desventajas que este acuerdo ha traído a nuestro país. Sectores como el textil, agricultura de exportación, y el automotriz se han visto beneficiados, ya que, por ejemplo, en los primeros 20 años de la firma, la exportación de automóviles mantenía un aumento promedio de 12.6%, de acuerdo con el INEGI.

En el plano comercial, con el TLCAN, México incrementó el intercambio de bienes con Canadá y Estados Unidos al pasar de 90.944 millones de dólares en 1993 a 515.185 millones de dólares en 2015, según cifras del Banco de México y la Secretaría de Economía.

Sin embargo, el pacto ha sido motivo de críticas en años recientes. Sus opositores en Estados Unidos, encabezados por el Presidente Trump, argumentan que ha permitido que México se beneficie a expensas de su vecino del norte, señalando que hay un déficit comercial, derivado de que los estadounidenses compran más bienes y servicios de México y Canadá que a la inversa. No obstante, muchos economistas argumentan que cuando se analizan por separado, esos déficits comerciales no son una buena medida de la salud económica de un país Aunque cada país tiene sus prioridades, hay tres temas que sobresalen.

Las reglas de origen: El porcentaje que se requiere para considerar un producto como de origen para que no sea necesario pagar aranceles al moverlo entre alguno de los tres países. Por ejemplo, un automóvil que se ensambla en México (aunque no todas las partes sean de ahí) no está sujeto en este momento al impuesto de importación hacia Estados Unidos, si cierto porcentaje del auto se hizo en América del Norte. El gobierno de Trump quiere aumentar ese porcentaje, como parte de una estrategia que apoya el sindicato automotriz más grande de Estados Unidos. No obstante, los fabricantes de autos están preocupados, ya que argumentan que dicha medida podría elevar sus costos de producción y, por tanto, de venta.

El arbitraje: De acuerdo con el TLCAN, las empresas en América del Norte pueden usar un sistema de arbitraje independiente para obligar a un país a acabar con medidas que violen el acuerdo comercial, como subsidios gubernamentales que resulten en precios más bajos de un producto en comparación con el mismo bien en los otros dos países. Este sistema ha sido utilizado principalmente por empresas canadienses y mexicanas en contra de Estados Unidos, por eso la Casa Blanca quiere ponerle fin.

La modernización: Los tres países parecen estar de acuerdo en la necesidad de modernizar el TLCAN, que se firmó antes del internet. Aunque las posturas de cada una de las partes difieren, las actualizaciones podrían abordar el comercio electrónico, posiblemente los derechos digitales y nuevas reglas para los lugares de trabajo y el medioambiente.

México se levantará de la mesa de renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), si el presidente estadunidense Donald Trump inicia el proceso de terminación del acuerdo tripartita, advirtió el Secretario de Relaciones Exteriores (SRE) mexicano Luis Videgaray.

Imaginando el peor de los escenarios, el gobierno de Trump decide que no hay condiciones para renegociar el TLCAN y hacia la mitad de 2017 anuncia que Estados Unidos se retirará del acuerdo. El proceso, por la redacción del acuerdo, requiere de un lapso de 6 meses, por lo que, a partir del año 2018 las exportaciones mexicanas a Estados Unidos dejarían de contar con un arancel cero y deberán pagar lo que corresponde a una nación que es parte de la OMC y tiene el tratamiento de “nación más favorecida”.

Perder el asidero que representa el TLCAN implicaría pensar en la posibilidad de un esquema que considere que el proteccionismo es la mejor de las herramientas para crecer con base en nuestra demanda interna, es decir, el regreso a una visión de hace medio siglo.

Con un presidente tan impredecible (y locuaz) como Trump por una parte, y con un Canciller-Aprendiz como Videgaray, la realidad es que estamos ante una encrucijada que no sabemos bien a bien cómo terminará. Además de la incertidumbre, lo único cierto es que nos esperan tiempos difíciles y la gran pregunta para nuestro gobierno es: ¿tenemos listo un plan “B”?.

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